La maldad es parte de la vida, existe en el mundo y de hecho podemos encontrarla dentro de nosotros también. ¿Quién no se ha visto a sí mismo alguna vez con conductas egoístas o agresivas? o ¿quién no ha experimentado deseos de venganza? Hablamos de cosas sencillas y cotidianas como devolver un insulto o no dejar propina a un mesero si consideramos que no nos ha tratado bien.
Puedo seguir desarrollando diversas situaciones en donde nuestro lado más oscuro puede salir a la luz. Es completamente normal esta lucha de fuerzas antagónicas, como el Ello y el Superyó que desarrolló Freud.
Es por eso que he querido reivindicar en esta entrada la presencia de brujas, monstruos y otros personajes malvados en la LIJ. Normalizar la postura de que la infancia necesita historias con villanos, en donde la maldad se manifieste en sus múltiples dimensiones, personajes transgresores, antagónicos, que encarnen el peligro y el caos.
Ya lo decía Bettelheim en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, allá por el año 1976:
“En tanto que los niños siguen creyendo en las brujas, necesitan oír cuentos en los que los protagonistas, gracias a su ingenio, vencen a los personajes malvados de su imaginación”.
De brujas y otros demonios:
Las brujas son personajes inherentes a la LIJ, presentes desde los cuentos clásicos como la madrastra de Blancanieves o la hechicera de Hansel y Gretel. Su función principal era servir de detonante para la aventura del héroe o heroína, estableciendo una amenaza que debía ser superada.
Con el tiempo, sabemos que los villanos han dado paso a personajes más blandos: lobos tiernos, piratas buenos, monstruos de colores. Endulzando la LIJ y quitándoles a los niños y niñas la posibilidad de experimentar la transgresión y la complejidad del ser humano. Eso sin contar que le restamos aventura a la literatura. Sin villanos no hay conflicto, ni historia, ni desenlace. En palabras de Marina Colasanti:
“Todos recordamos aquel momento (…) en que los cuentos de hadas fueron enviados a la lavandería, para retirarles toda mancha de sangre. El resultado fue que, al limpiar la sangre visible, se drenó también la invisible, esa que corre por las venas de las historias, las anima y les da vida. Y los bellos cuentos de hadas se tornaron pálidos, débiles, inexpresivos.”
¿Leemos sobre brujas y hechizos?
3 brujas, escrito e ilustrado por Grégoire Solotareff, (Corimbo, 2001). Nuestras protagonistas son Escoli, Esqueli y Escoria, tres brujas solitarias que nunca ríen.
Este libro está inspirado en Los tres bandidos, clásico de Tomi Ungerer, con ilustraciones y estructura argumental similares: tres brujas / tres bandidos que mantienen aterrorizada a la población. Hasta que un día, serán unos niños quienes conseguirán cambiar los deseos de los villanos.
Pese a que observamos una clara supremacía del texto, las imágenes son expresivas y acompañan muy bien a la historia. Recomendado a partir de seis años.


No podemos hablar de brujas sin incluir este clásico entrañable de Roald Dahl, ilustrado por Quentin Blake (Alfaguara, 1985).
Nuestro protagonista, un niño huérfano, aparece en la Convención Anual de Brujas y hace un gran descubrimiento: ¡Las brujas están en todas partes, bajo la apariencia de mujeres corrientes!
Es una forma segura y divertida de que los niños exploren sus miedos a lo desconocido y se acerquen a personajes villanos. Como muchas obras de Dahl, se trata de una crítica al mundo adulto, pero que a la vez nos muestra una abuela (la del protagonista) que es la única que cree en su nieto. Lectura aconsejada a partir de nueve años.
«Había un cadáver de una niña en la panadería de mi tía». Así empieza esta historia que tiene algo de magia, pero mucho de crítica social y luchas de poder.
Mona, también es una chica huérfana, tiene 14 años y trabaja en la panadería de su tía Tabitha. Además, es maga, aunque con un poder muy limitado: sólo puede influir en el pan y las galletas.
Esta novela de Kingfischer (Gran Travesía,2023) ha recibido numerosos premios. Es una historia original, divertida y está escrita con mucho cuidado. Aunque empieza como thriller, es fantasía pura en forma de novela combatiente y cuestionadora. Lectura altamente recomendada a partir de 12 años.

¿Leemos un clásico sobre monstruos?
Seguro se te vino a la mente Maurice Sendak, es inevitable decir monstruos y no pensar en el fabuloso Allá donde viven los monstruos. Pero no, hoy quiero hablar de otro álbum igual de sorprendente y transgresor: Ahora no, Bernardo de David McKee, editado por diversos sellos como Anaya, Alfaguara y Loqueleo, pero publicado por primera vez en 1980.

Este álbum nos cuenta la historia de Bernardo, un niño que ve un monstruo en el jardín de su casa. Sorprendido avisa a sus padres, pero ellos están demasiado ocupados y sin mirarlo siquiera, le contestan “Ahora no, Bernardo”.
Definitivamente este monstruo no es de colores y termina comiéndose al niño y ocupando su lugar en la familia. Y si, ¡sin que los padres se den cuenta!
Sin lugar a duda, necesitamos más libros buenos para niños malos. Libros provocadores, que se salgan del estándar y sean una invitación abierta a acercarnos al misterio, a los hechizos, al lado oscuro, a los villanos. Libros sin mensajes explícitos, en donde la infancia pueda dar rienda suelta a sus deseos, encontrarse con sus miedos, emocionarse y permitirse ser niños. ¿Leemos?

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