Oso ha perdido sus anteojos y no puede ver bien, cuando decide salir a buscarlos, tropieza con Ardilla, que también había salido a buscar algo: la felicidad.
En el camino aparece Tejón, quien los invita a tomar un té de fresa en su madriguera. Tejón quería encontrar el sueño perdido y mientras conversaban sobre lo que cada uno deseaba, llega Lobo, que buscaba las llaves de su casa y no podía entrar.
Este es el inicio de un álbum al que siempre vuelvo y me parece perfecto para nuevos comienzos. Cuatro amigos recorriendo un camino, cada uno buscando algo particular. Algunos algo más concreto y banal, como las gafas o el sueño, y otros, búsquedas más profundas y hasta filosóficas, como la felicidad.
La búsqueda como parte de la vida
Té de fresa en la madriguera de Tejón de Eulàlia Canal y Toni Galmés (Bindi Books, 2023) es uno de mis libros favoritos.

Me hace bien recurrir a él cuando tengo que replantearme cosas, sobre todo, cuando de tomar decisiones se trata.
Lo que más me gusta de este álbum es la forma de equilibrar lo cotidiano y lo profundo, ese baile en el que nos encontramos constantemente, a veces en piloto automático y otras, con mas conciencia y reflexión.
La investigadora Sims Bishop sostiene que la literatura puede ayudarnos a abrir espejos, ventanas o puertas: Se dice que los libros son como espejos cuando podemos vernos reflejados en los personajes y sus vivencias. Son ventanas cuando nos permiten asomarnos a otras realidades. Y puertas si es que nos llevan a cuestionarnos aquello que estamos viendo o leyendo.
Esta obra es para mí un espejo, porque al leerlo, en más de una ocasión me he sentido como Ardilla. No necesariamente buscando la felicidad, pero si explorando nuevas formas de vivir y deseando con todas mis fuerzas emprender viajes que me llevaran a lugares y sobre todo experiencias nuevas y desconocidas.
El viaje de Ardilla: la ruta del asombro

Este pequeño personaje sale entusiasta a buscar la felicidad. No sabe bien de qué se trata y tiene mucha curiosidad.
Para encontrarla emprende un viaje, sin itinerario y sin fecha de retorno.
Sus amigos la esperan, cuando se reúnen conversan sobre ella y se imaginan cómo y dónde estará.
Hasta que llega el día en que regresa, la emoción y la alegría es grande. Celebran lo bonito del reencuentro. ¿Hay algo mejor que reencontrarse con la gente que queremos?
Ardilla les cuenta de su viaje, de lo que conoció, de los otros animales que encontró. Anécdotas curiosas y divertidas. Experiencias nuevas y diferentes.
Pero a pesar de tener el corazón emocionado, no encontró la felicidad. Escuchó ideas, opiniones de otros, sugerencias, pero no la felicidad tal cual ella esperaba hallarla. ¿Qué creen que hizo?
En ocasiones encontrar nuestro espacio en el mundo resulta difícil, poner en una balanza lo que dejamos versus lo que recibimos o queremos atraer.
El camino a veces es empedrado, cuesta arriba, nublado o incluso con tormentas. Sobre todo, para las personalidades curiosas (o inconformes) como Ardilla y como yo.
Sin embargo, el viaje o la idea de movimiento, no tiene que ser un traslado físico necesariamente; es poderoso. La oportunidad de asomarse a lo desconocido, a lo diferente, a otras formas de vivir, de sentir, de relacionarse, de celebrar.
Esto es algo que a mi siempre me ha atraído y que sin dudas, me llena de vida. Ya lo dice Drexler en la canción Movimiento:
«Estamos vivos porque estamos en movimientoNunca estamos quietos, somos trashumantesSomos padres, hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes»
Y es esa misma la idea que nos transmite Té de fresa, que termina con una frase más o menos así:
“Puede que para ella (Ardilla) de eso se trate la vida, irse, aprender cosas y regresar a encontrarse con sus amigos”


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