¿Cuánto puede durar un año?

by | Ago 9, 2026

Han pasado exactamente tres años desde que aterrizamos en Barcelona. Este es el tiempo que, por ahora, está durando aquella frase que nos dijimos antes de partir: “nos vamos solo por un año y volvemos”.

En ese entonces me sentía muy contenta e ilusionada de emprender este viaje. Venía a estudiar, con un proyecto claro que ocuparía mi tiempo y mi atención. Han pasado muchas cosas desde ese 9 de agosto de 2023 y en este tiempo he descubierto que un año puede tener varios significados y duraciones.

En todo caso, hasta ahora, no había dejado de sentirme privilegiada por haber elegido voluntariamente salir del Perú e instalarme a más de 10,000 kms de distancia.

Hasta que tuve la increíble oportunidad de escuchar a Rubén Blades en concierto – mención aparte: si alguna vez tienen la posibilidad de asistir a uno, háganlo.

Nadie emigra de su patria porque quiere

El concierto arrancó con Plástico y luego de recitar uno a uno los países de América Latina (no, esa idea no fue original de Bad Bunny) continuó con Emigrantes.

Y ahí estaba yo, conmovida por la buena música y la genialidad de un hombre de 78 años, que pareciera tener más energía que cualquiera.

Entonces, comenzó a explicar el contexto en el que escribió esa canción y las diferentes circunstancias en las que una persona decide dejar su país y no volver.

«Nadie emigra de su patria porque quiere

El que sale lo hace por necesidad».

Por primera vez me pregunté si mi migración había sido realmente tan voluntaria como siempre había pensado. Aunque me fui “para estudiar”, en realidad como ya he contado por aquí,  tuve también otras razones de peso.

Quería que mis hijos supieran que existen otras formas de vivir. Que es posible recibir una educación pública de calidad, que la salud es un derecho y no debe ser un privilegio de quienes más tienen. Que se puede cruzar la pista cuando el semáforo se pone verde y los autos se detienen y respetan al peatón. Que uno puede caminar por la calle con el móvil en la mano sin correr el riesgo que pase una moto y te lo quite. Que ellos, aún siendo niños, pueden salir solos del colegio, ir a un parque cercano, dejar sus mochilas y jugar.

Me fui porque muchas de esas cosas no eran posibles vivirlas en Lima y el nivel de violencia e inseguridad de la ciudad me costaba cada día más. Pero sinceramente no era tan consciente de ello. Mi motivación estaba también, en ofrecerles a mis hijos una experiencia nueva, la oportunidad de vivir en el otro lado del mundo, con todo lo fascinante y retador que eso podía ser.

Cuando irse también es una forma de buscar

El motivo evidente de la mudanza fue estudiar algo relacionado a la literatura infantil. Llegué a Barcelona con la idea de formarme y terminé descubriendo el mundo de la mediación lectora, que hasta entonces no conocía en absoluto.

En estos tres años, la mediación lectora se ha convertido en una actividad profesional que ni siquiera sabía que existía cuando llegué, pero también me he encontrado con muchas otras cosas que no imaginaba cuando decidí venir. Y pienso mucho en cómo materializar todo lo que estoy aprendiendo, cómo trasladar experiencias, proyectos y propósitos a un lugar que todavía no siento del todo mío.

No resulta fácil, no encuentro un camino claro por el que pueda transitar. Quizás en parte porque sigo sintiéndome de alguna manera, de paso. Sin encontrar cimientos que me permitan enraizarme. Ni en Barcelona, ni en Lima.

¿Cuánto tiempo debe pasar para sentirnos en casa? O como se pregunta Theo Angelopoulos, cineasta griego: 

¿cuántas fronteras se han de cruzar para llegar a casa?

Esta es precisamente la pregunta que aparece en la contracubierta de Migrantes (Libros del Zorro Rojo, 2019) un álbum silente excepcional de Issa Watanabe.

Emprender el viaje 

Migrantes es un álbum publicado hace varios años. No se trata de una novedad, pero justamente por eso, es un libro que merece quedarse, leerse y releerse, aunque no tenga ni una sola palabra.

Sus ilustraciones son suficientes para transmitir lo que el desarraigo genera. Es un libro que nos habla de pérdida, de pertenencia, de memoria y de la posibilidad de reconstruirse cuando lo conocido queda atrás.

Las imágenes todas sobre fondo negro, nos remiten a un viaje misterioso, mágico y terrible a la vez. Hay que pasar las páginas muy despacio para no perdernos los detalles y dejarnos conmover por esta travesía colectiva, sin que el libro nos diga exactamente cómo debemos sentirnos frente a ella. Para mí, esta es una de las razones que lo hace especial. 

¿Es un libro para las infancias? Yo lo respondería con otra pregunta, ¿por qué no? Los niños y las niñas también pueden acercarse al arte sin que tengamos que explicarles de manera explícita lo que pueden encontrar en él.

Estos temas además, complejos y necesarios, merecen ser explorados, no desde el dato frío, sino desde la huella emocional que queda, al haber presenciado de algún modo un viaje como el de este grupo de migrantes.

Cuando todo se rompe

Un conejo, ¿o quizás una liebre? Toma el té con un pájaro rojo. Todo parece estar en armonía, hasta que el pájaro cambia de color, toma el mantel y con su vuelo, arrastra todos los objetos que caen y se rompen.

La liebre inicia una búsqueda hacia el fondo del mar. Un viaje que la llevará a enfrentarse con la pérdida y a descubrir cómo continuar.

Kintsugi (Libros del Zorro Rojo, 2023), también de Issa Watanabe, recibió el Bologna Ragazzi Award 2024 en la categoría de Ficción, uno de los principales reconocimientos internacionales de la literatura infantil.

El título alude a una antigua técnica japonesa de reparación de cerámica que consiste en unir las piezas rotas resaltando las grietas. La metáfora es poderosa, pero lo interesante es que la autora no necesita explicarla. Este libro, igual que el anterior, nos narra la historia desde la sutileza de las imágenes.

Quizás lo más conmovedor de Kintsugi sea, como la misma autora ha contado, que el proceso creativo de este libro tiene su origen en la muerte de su padre. Una experiencia personal que pudo ser elaborada mediante el dibujo.

«Armar este libro fue reparador. Es esperanzador poder seguir creando a pesar de los pesares. El arte salva».

Migrar sin esconder las grietas

l empezar esta entrada no tenía claro sobre qué libros escribir, pensé en Migrantes y sin darme cuenta uno me fue llevando al otro. Ambos, libros silentes protagonizados por animales, tienen el viaje como centro. Aunque de manera distinta, Kintsugi narra un viaje personal; Migrantes, en cambio, una travesía colectiva.

 Quizás por eso estos dos libros aparecieron en este momento. Porque hablar de migración también tiene que ver con construir nuevas formas de estar en el mundo. Sin ocultar las grietas, aprendiendo a vivir con ellas y descubriendo qué podemos hacer a partir de ahí.

Escrito por: Karina Miranda

Soy una apasionada por la literatura infantil y juvenil (LIJ), madre curiosa y psicóloga social. La maternidad supuso una revolución en mi vida y fue la causante de mi enamoramiento con la LIJ. Empecé siendo librera en Lima, Perú; y por más de cinco años estuve sumergida en un mundo de editoriales, novedades, reseñas, autores e ilustradores. Esos años fueron decisivos para animarme a emprender vuelo, mudarme a Barcelona y formarme en promoción de la lectura y mediación literaria.

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